En Pereira, algo suena mal…

Deseo empezar esta publicación afirmando que no soy una persona particularmente regionalista y que además carezco de eso que muchos llaman “amor patrio”. Sin embargo, como seres humanos que somos, el lugar donde crecimos y tenemos tantos recuerdos siempre será motivo de fervor, preocupación y gratitud. Es por ello que me duele y sobre todo me preocupa la cancelación para el año 2013 del Festival Sinfónico de Pereira (ver comunicado en el siguiente enlace: http://www.scribd.com/doc/135449362/Comunicado-Facuris-2013).

Como cofundador y ex integrante del Cuarteto de Cuerdas de Pereira, tuve la fortuna y el honor de ser parte de éste festival en dos de sus versiones más tempranas (2008 y 2009) cuando su nombre era “Temporada Sinfónica Pereira” y puedo afirmar que desde sus inicios, la organización del festival fue impecable y extremadamente profesional, características que han sido constantes a lo largo de los 7 años de existencia del evento, y que estoy seguro han sido parte del crecimiento y fortalecimiento exponencial del festival. Ni qué decir de su programación y de sus enormes y valiosos esfuerzos para formar públicos a través de conciertos didácticos.

Numerosas y airadas reacciones en las redes sociales siguieron a la comunicación de la noticia de la cancelación del festival de este año debido a dificultades monetarias. La opinión virtual no dudó en buscar culpables y los señalados fueron la Alcaldía de la ciudad y el Instituto de Cultura de Pereira, los establecimientos más fácilmente cuestionables puesto que son entidades del estado que manejan el dinero que se debería destinar a brindar salud, educación, recreación y cultura a los ciudadanos; en una palabra, bienestar. Es en éste punto donde quiero empezar a reflexionar acerca de quiénes son los responsables de ésta tragedia para la cultura musical de Pereira.

Empezaré por los acusados más evidentes y que acabo de mencionar: La alcaldía de Pereira y el instituto de Cultura y Fomento al Turismo de Pereira. Para ser honesto, poco o nada me sorprende que el apoyo proveniente de estos establecimientos para una causa como el Festival Sinfónico de Pereira sea exiguo, primero porque llevar orquestas sinfónicas a Pereira no le reporta votos al burgomaestre, segundo, porque a pesar de encontrarnos en pleno siglo XXI, la máxima romana de “pan y circo” está más viva que nunca (sin el pan, por supuesto) y lo que le ofrece la oficina del primer ciudadano de Pereira a sus gobernados es el circo que ese pueblo marcado por la cultura mafiosa de caballos, música de “despecho”, alcohol de mal gusto (como el aguardiente) y mujeres voluptuosas, le exige.  Valga aclarar que no es culpa de ese pueblo permanecer bajo esa fijación por la cultura mafiosa… ¡Es todo lo que le ofrecen! Pero es aquí donde me pregunto, ¿qué tan culto es el alcalde de Pereira? ¿Qué tanto sabe de música, de pintura o de las artes en general? La verdad, no lo sé, pero su actuar a través del Instituto de Cultura de la ciudad nos permite deducir la respuesta: No mucho… pero, ¿es su culpa? ¿Qué tanta oportunidad tuvo o ha tenido el señor alcalde (y antes de serlo) de ver y escuchar una orquesta sinfónica o un cuarteto de cuerdas o un coro de cámara de la ciudad? ¿Qué tan consciente es el Alcalde del movimiento musical académico de la ciudad? detrás de todo ésto se empiezan a perfilar otros responsables, los cuales mencionaré más adelante.

El siguiente gran (y obvio) aludido es el Instituto de Cultura de Pereira. Recuerdo con mucha vividez las “actividades culturales” públicas que organizaba esta entidad durante mi infancia en las fechas del calendario marcadas como días de los niños: Dos carpas en medio de algún parque o una calle, con parlantes vomitando a todo volumen la canción del grupo que estuviera de moda y un animador improvisado invitando a todos y todas a seguir el ritmo de la canción. Si bien ésto puede sonar como una actividad inocente y de disfrute, para mí en realidad representa el atraso cultural de la ciudad. Nunca ví un taller de formación en instrumentos sinfónicos (que no sean los que componen una Banda Sinfónica) dirigido a niños que fuese ofrecido por el mencionado establecimiento, un concierto didáctico, o ningún esfuerzo de formación de públicos; su excusa constante es su apoyo a la Banda Sinfónica de la Ciudad (la cual depende del Instituto de Cultura) y los procesos de formación en instrumentos que componen tales agrupaciones, pero lo más lejos que llevan a la dichosa banda son las escaleras del edificio donde ensayan y a los concursos de bandas donde serán escuchados por otros músicos… ¡Pereira ya no es un pueblo pequeño, la ciudad se merece desde hace mucho tiempo una orquesta sinfónica profesional! No obstante, ¿qué puede esperarse de un Instituto de Cultura que nunca ha sido manejado por un profesional de las artes sino por (con todo respeto por quienes ejercen estas profesiones) economistas, abogados, arquitectos y demás, todos amigos del alcalde de turno y que no tienen ni idea de lo que significa dedicarse a algo tan difícil como la música? Me pregunto qué pasaría si un músico regentara el hospital San Jorge…*(Ver actualización 1 al final del artículo)

Pero los responsables no terminan ahí. Pereira ha tenido una Escuela de Música ligada a la Facultad de Bellas Artes y Humanidades de la Universidad Tecnológica de Pereira (de la cual soy egresado como Licenciado en Música) desde hace por lo menos 35 años. Uno esperaría que después de más de tres décadas de existencia hubiese algún resultado permanente y visible en el campo musical de la ciudad, pero en la práctica es como si la Escuela de Música no existiera. De no ser porque el Festival Sinfónico de Pereira los invita, la participación de la Escuela de Música en la actividad cultural de la ciudad sería prácticamente nula. Mi buen amigo David Hurtado Gómez (también Licenciado en Música de la UTP) escribió una certera reflexión en el perfil de facebook del Festival Sinfónico de Pereira (https://www.facebook.com/FESTIVALSINFONICOPEREIRA) sobre del papel que los estudiantes de la escuela de música han jugado en la cancelación del festival y la cual quiero sugerir que lean antes de seguir adelante con lo que resta del presente escrito.

Si bien los otros grandes aludidos en  ésta situación son los estudiantes de la Escuela de Música por su apatía y por la ligereza con que se toman (la mayoría) la carrera musical, quisiera también hablar de los profesores (y de paso directivos) cuya responsabilidad es formar a estos futuros músicos. La Escuela de Música de la Universidad Tecnológica de Pereira está llena de docentes y directivos indolentes que ignoran el profundo significado de ser músico y la enorme responsabilidad que ello conlleva. Exceptuando muy contados casos (ellos y ellas saben quienes son, sobre todo mis muy recordados profesores de cuerdas sinfónicas y violonchelo) los docentes de las materias musicales del programa de Licenciatura en Música de la UTP, y particularmente aquellos docentes “de planta” (que trabajan para la Universidad hasta que llegue el momento de su jubilación) hacen su trabajo de manera mediocre y lo que es peor, no representan una fuente de inspiración para sus pupilos. Se limitan a enseñar (de manera muy regular, por cierto) los conceptos de la música y a convencer a los estudiantes que, dadas sus circunstancias de ingreso a la universidad (la mayoría empiezan sus estudios musicales desde cero a una edad que se consideraría “avanzada”) nunca podrán ser músicos instrumentistas. Por otro lado, hay unos directivos que no hacen el más mínimo esfuerzo por estimular a su facultad a formar públicos, por llevar esa música a donde se necesita (colegios, iglesias… éste tema lo trato con más detalle en una entrada de blog anterior: https://alejocello.wordpress.com/2012/12/20/la-percepcion-de-la-musica-como-profesion/) por hacer visible al público la comunidad musical académica, a crear esa necesidad de música (verdadera música) en la ciudad. ¿Dónde están los programas de formación en música para niños? (no Batuta, no. Los programas de formación musical infantil DE LA UNIVERSIDAD. El papel   absolutamente admirable de Batuta tiene un fin social) ¿Dónde están los conciertos FRECUENTES (no un montaje al año ni dos) ofrecidos por la universidad a las comunidades? ¿Los grupos de cámara? ¿Qué ha hecho la Escuela de Música de la UTP para que la enseñanza de la música en la ciudad sea algo obligatorio en sus colegios? (A fin de cuentas, el Licenciado en Música de la UTP sale supuestamente preparado para ser docente de colegio)…¿Cuál es el impacto que ha tenido o tiene la Escuela de Música de la Universidad Tecnológica de Pereira en la ciudad a lo largo de toda su existencia? 

Es muy triste para todos aquellos Pereiranos que nos encontramos adelantando estudios avanzados en música en el exterior, saber que  regresar a nuestra ciudad querida (o a Colombia en general)  a aportar a su crecimiento musical es algo improbable, porque simplemente nuestro saber no se valora allí como es debido, pues nadie le ha enseñado a la gente que nuestro trabajo es tan importante como el de cualquier otro profesional, y que es una vocación que requiere del mismo o incluso mucho más esfuerzo que otras profesiones. Aquellos egresados del programa de Licenciatura en Música de la UTP que hemos logrado salir del país a seguir formándonos, lo hemos hecho por nuestra cuenta, porque no nos quedamos solamente con la muy regular formación que ofrece el programa.

Deseo concluir ésta (acaso larga) reflexión expresando mi admiración a los gestores del Festival Sinfónico de Pereira. Sacar adelante un festival de éste tipo durante 7 años en una ciudad con las condiciones descritas anteriormente los convierte en héroes.

Es mi más profundo deseo que éstos momentos de crisis sirvan para abrir los ojos de todos aquellos involucrados en el movimiento musical de Pereira y reflexionen sobre su papel en el mismo, y que más allá de reflexionar, empiecen a actuar. Colombia tiene que dejar de ser un país en donde se espera a que ocurran las tragedias para tomar cartas en el asunto. Ya es muy tarde para protestar, ya es muy tarde para salir a hacer manifestaciones. Es el momento de actuar, de hacerse visibles y de generar la necesidad de la música (de la buena música) en nuestra Ciudad.

* Actualización 1: Tras leer el presente artículo, José Gentil Flórez Posada, funcionario del Instituto de Cultura de Pereira por más de 8 años, se aproximó a mí de manera muy cordial y me explicó que la actual directora del Instituto de Cultura de Pereira, la Magister Adriana Vallejo de la Pava ha traído cambios positivos a la institución. Existe un plan de estímulos abierto a quien desee aplicar. Se puede encontrar más información en http://www.pereiraculturayturismo.gov.co/

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